Cómo defender nuestros derechos: propiedad intelectual y representación gráfica del patrimonio

Con la extensión de internet y las redes sociales como medio principal de difusión de los trabajos de ilustración y dibujo arqueológicos, reconstrucción virtual, infografía histórica y otros, asistimos también al uso indiscriminado e ilegítimo de estos trabajos por parte de terceros y surge con fuerza el debate sobre la representación gráfica de la arqueología y la propiedad intelectual. 

Con esto en mente, participé interesado el pasado 3 de marzo en el curso Propiedad Intelectual en el ámbito universitario, impartido por Mercedes Morán Ruíz y Pedro Sánchez Álvarez, de CEDRO, y organizado por Ediciones Complutense, en la Facultad de Ciencias de la Documentación de la Universidad Complutense de Madrid. Pese a que, a priori, el tema del curso se escapaba relativamente a nuestro interés profesional, a medida que iba discurriendo se ponían sobre la mesa temas cada vez más interesantes que nos conviene tener en cuenta como creadores, como posibles afectados de plagios o usurpaciones, pero también como usuarios de imágenes de terceros, es decir, como posibles infractores de las leyes de propiedad intelectual (por ejemplo, cuando hacemos una presentación de power point o escribimos un artículo). 

En primer lugar, conviene saber que la Propiedad Intelectual protege toda obra original creada por un ser humano (no así las creadas exclusivamente por inteligencias artificiales). Teniendo en cuenta esto, y como ya declaró el Convenio de Berna de 1886, no se requiere inscribir las obras en ningún registro, poner una marca de agua, un logo o un texto que indique su propiedad. Es decir, por el mero hecho de existir todas las obras tienen un autor y son de su propiedad intelectual estando, por lo tanto, sujetas a derechos de autor.

Puede ser recomendable en el caso de las imágenes, eso sí, disponer un logo, el símbolo de copyright (©) con el nombre del creador y la fecha de creación de la obra, o cualquier otro indicador de la autoría de la misma en una de las esquinas. Este añadido a la creación, sin embargo, tiene carácter exclusivamente disuasorio e informativo, cuyo objetivo es recordar que, en efecto, esa obra tiene derechos de autor y deben ser respetados. Es importante recalcar, sin embargo, que no es el logo o cualquier otro indicador el que otorga estos derechos al autor sino el propio hecho de haber realizado la obra.

El autor es el dueño de la obra y, por lo tanto, tiene una serie de derechos morales sobre ella: a su divulgación; a difundirla con su nombre, con pseudónimo o de forma anónima; a que la obra se le atribuya como autor; a que se mantenga la integridad de la obra (es decir, a que ésta no sea recortada); al arrepentimiento (es decir, a modificarla o eliminarla); al acceso al ejemplar único; y derechos patrimoniales, es decir, los que le permiten decidir sobre el uso que se debe hacer de su obra (reproducción, distribución, comunicación pública, transformación). 

Estos derechos, sin embargo, tienen una serie de límites y excepciones que pueden ser contemplados y que no requieren la autorización expresa del autor: su copia privada; su cita; su uso con fines educativos; su parodia, caso en el que sí se permite la transformación; etc. 

Que el uso de las imágenes, en estas excepciones, no requiera la autorización expresa del autor, no significa que no obliguen a aquellos que hacen uso de ellas a mantener los derechos morales de los autores previamente referidos, esto es, por ejemplo: cuando compartimos una imagen con una serie de alumnos, dentro de un discurso didáctico, no tenemos obligación de pedir permiso al autor pero sí de reconocer y hacer explícita su autoría y la fuente de la obra, salvo en casos en los que resulte imposible (caso distinto es el de las publicaciones escritas, cuyos pormenores se refieren en la web de CEDRO).

En cuanto a los trabajos que son encargos, por ejemplo, de una institución, administración o empresa, será conveniente fijar las condiciones de cesión de derechos en un contrato previo, certificando el alcance de los mismos: por ejemplo, si realizamos una ilustración para un ayuntamiento podemos ceder mediante contrato la exclusividad de la difusión y uso de la obra a dicha institución, detallando el tipo de cesión y el tiempo por el que se ceden esos derechos de uso. En ausencia de este contrato de cesión, legalmente el derecho de difusión y uso de la ilustración sigue perteneciendo al autor de la misma. 

En nuestro caso, en múltiples ocasiones nos hemos encontrado con casos de terceros que utilizan imágenes sin ningún tipo de permiso o notificación y fuera de cualquier excepción legal a la Ley de Propiedad Intelectual: infografías pirateadas para difundir servicios que ofrece una empresa, imágenes ajenas que aparecen como reclamo para la venta de un curso online, colecciones de ilustraciones que son utilizadas en redes sociales para conseguir visitas sin citar autor ni fuente, etc. En tal caso, nos encontramos con la duda de cómo proceder para acabar con esa vulneración de derechos y que dichas imágenes sean retiradas. 

Dos son los caminos, en opinión de los expertos de CEDRO, para ello: 

  • El primero es participar en las entidades de gestión colectiva, asociaciones que se ocupan de realizar un seguimiento de cuándo, dónde y qué obras se utilizan, recaudar los ingresos por derechos de autor en caso de que sea necesario y denunciar aquellas prácticas que se escapen a la legalidad, ofreciendo también asesoría legal en situaciones de robos de propiedad intelectual. En el caso de las imágenes, la entidad de gestión colectiva de referencia en España es VEGAP (Visual Entidad de Gestión de Artistas Plásticos).
  • El segundo es concienciar sobre el uso responsable, justo y legal de cualquier creación, respetando los derechos de sus autores. Para ello conviene difundir prácticas correctas a la hora de utilizar imágenes de terceros, llevar a cabo un contrato al inicio de los proyectos, disponer en nuestro espacio de difusión (ya sea web, portfolio, etc.) una cláusula de derechos de autor en la que especifiquemos el uso que puede hacerse de nuestras imágenes y añadir nuestro logo, el símbolo de copyright, la fecha, etc., en una pequeña esquina de las mismas de modo que recuerde que son obras sujetas a derechos de autor. 

Podemos optar por distintos tipos de licencias de derechos de autor:

  • La licencia Copyright ©. Es la licencia que tenemos por defecto al crear la obra y la que debe sobreentenderse en caso de duda o ausencia de información sobre el tipo de licencia de una obra. Se representa con una © y es quizás la que puede tener un efecto disuasorio mayor a la hora de ser víctimas de la apropiación indebida de una imagen. Para cualquier uso o difusión de la obra (salvo posibles excepciones) se debería pedir permiso a los autores o a la entidad de gestión colectiva encargada.
  • Las licencias Creative Commons (CC). Son instrumentos jurídicos desarrollados por una organización sin fines de lucro que ofrecen a los autores una forma simple y estandarizada de otorgar permiso al público para utilizar sus obras de determinada forma sin necesidad de requerir la autorización expresa del mismo. Existen distintos tipos, desde los más restrictivos, como Attribution Non-Commercial No Derivatives (CC BY-NC-SA), que requiere nombrar al autor/a y no permite uso comercial ni modificaciones o derivados de la obra; a los más abiertos, como Attribution (CC BY), que solo requiere nombrar al autor/a. 
  • La licencia de Dominio Público (CC0). Además, existe una licencia especial, la opción CC0 o “Sin derechos reservados”, que cede la obra al dominio público sin que sea necesario siquiera citar a los autores o la fuente de la obra. En este sentido, recientemente un número de 27 organizaciones culturales de 13 países diferentes se han adscrito a esta licencia CC0 (Public Domain Dedication) en Sketchfab. Este tipo de licencia, en mi opinión, puede presentar ciertos problemas en el campo del patrimonio y la arqueología, ya que al no obligar a citar fuente ni autor se puede perder documentación científica importante de lo representado. 

Con todo lo expuesto anteriormente, mis recomendaciones personales son las siguientes: 

  • Disponer siempre en una esquina de nuestros trabajos gráficos nuestro logo e información de la licencia disponible y, si es posible, del año de realización de la obra. Quizás la © de Copyright disuada más de un uso ilegítimo, sin embargo, cuando lo que queremos es que nuestra imagen sea usada libremente, pero que se nos dé atribución como autores y no se modifique, lo más recomendable sería usar el logo de Creative Commons (CC-BY-NC-ND), que además prohíbe el uso con fines comerciales. 
  • Realizar, al inicio de cualquier proyecto, un contrato con el cliente donde se especifiquen las condiciones de cesión de derechos de la obra a realizar (características, límites y duración), en caso de que vayan a cederse de algún modo.
  • Llevar a cabo desde nuestros espacios de difusión (páginas web, blogs, redes sociales, etc.) una labor de concienciación sobre la importancia de respetar los derechos de propiedad intelectual. Esto también incluye, por supuesto, el dar ejemplo y respetar nosotros mismos los derechos ajenos.
  • Participar en asociaciones y organizaciones colectivas que, como VEGAP, pueden ofrecer apoyo, recomendaciones y ayuda jurídica y legal ante cualquier problema que pueda surgir. En nuestro caso, también pertenecer a ADARQ ofrece ventajas porque da cabida al creador en un colectivo que conoce la situación del sector, puede aportar apoyo y ejercer presión en situaciones de vulneración de derechos de autor y fomenta el uso legal y responsable de las imágenes. Todo asociacionismo colectivo es positivo, especialmente ante situaciones que, de forma individual, dejan al creador en una situación de gran vulnerabilidad legal. 

La defensa de nuestros derechos de autor será siempre un conflicto abierto y nos necesitaremos los unos a los otros para poder solucionar cualquier problema y hacer que nuestro trabajo se respete y reconozca, espero que este pequeño artículo haya servido para poner algo de luz sobre la Propiedad Intelectual de nuestras obras y sobre cómo defendernos ante posibles robos. Recordad: conciencia, colaboración y firmeza, ¡es labor de todos!

 

Autor: Pablo Aparicio Resco – PAR. Arqueología y Patrimonio Virtual (socio y vocal de ADARQ)

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