La documentación gráfica normalizada en Arqueología (II)

La Carta Internacional para la Gestión del Patrimonio Arqueológico, adoptada en 1990 por el ICOMOS (International Council of Monuments and Sites) órgano asesor dependiente de la UNESCO para temas de patrimonio histórico y arqueológico, define, en su artículo 1, el patrimonio arqueológico como “todas lashuellas de la existencia del hombre y se refiere a los lugares donde se ha practicado cualquier tipo de actividad humana, a las estructuras y los vestigios abandonados de cualquier índole, tanto en la superficie, como enterrados o bajo las aguas, así como al material relacionado con los mismos”.

En este documento se aboga por la difusión del patrimonio arqueológico; así en el artículo 2 se puede leer que “la participación activa de la población debe incluirse en las políticas de conservación del patrimonio arqueológico. (…) La participación se debe basar en la accesibilidad a los conocimientos, condición necesaria para la toma de cualquier decisión”.

También se reclama en esta Carta la “documentación arqueológica completa en cada uno de los casos en que haya sido autorizada una destrucción del patrimonio arqueológico”; en esta documentación se debe incluir la documentación gráfica pormenorizada, tanto de bienes muebles como de estructuras y otros elementos inmuebles.

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Sección del pórtico de la catedral de Santa María (Vitoria-Gasteiz). Fundación Catedral Santa María. Realización, Latorre y Cámara S.L.
http://arqarqt.revistas.csic.es/index.php/arqarqt/article/view/164/184

Sin embargo es el artículo 7 de la Carta el que más afecta a la documentación gráfica de las intervenciones arqueológicas. En él se dice que “la presentación al gran público del patrimonio arqueológico es un medio esencial para promocionar éste y dar a conocer los orígenes y el desarrollo de las sociedades modernas. Al mismo tiempo, es el medio más importante para promocionar y hacer comprender la necesidad de proteger este patrimonio”. En este aspecto parece claro que la representación gráfica, basada en los datos analíticos obtenidos en las intervenciones arqueológicas, puede llegar a ser asimilado con más facilidad por ese “gran público” que los textos que derivan de las mismas, en ocasiones demasiado técnicos y dirigidos con frecuencia a un público especializado.

Más adelante, en este mismo artículo, se dice que “la presentación e información al gran público ha de constituir una divulgación del estado de conocimientos científicos y debe, pues, estar sometido a revisiones frecuentes. Han de tenerse en cuenta las múltiples aproximaciones que permitan la comprensión del pasado”; sin duda una vía fundamental de acercamiento es la vía visual, a través de la representación en dibujo, tanto de piezas como de estructuras arqueológicas.

Por último la Carta se refiere a las reconstrucciones o recreaciones de restos arqueológicos: “Las reintegraciones responden a dos funciones importantes: la investigación experimental y los fines pedagógicos e interpretativos de la realidad pretérita. Sin embargo deben tomarse grandes precauciones para no borrar cualquier huella arqueológica subsistente, y deben tenerse en cuenta toda serie de pruebas para conseguir la autenticidad. Allí donde resulte posible y apropiado, tales reposiciones no deben efectuarse inmediatamente encima de los restos arqueológicos, y han de ser identificables como tales”. Las Nuevas Tecnologías solucionan la preocupación que se trasluce en el texto por la posible alteración de los restos arqueológicos o por un falseamiento de la realidad histórica en aras de una mayor espectacularidad visual. El empleo de recreaciones 3D de edificios y piezas arqueológicas permite mantener inalterados los restos arqueológicos, sin arriesgarnos a una actuación que pueda dañar estos bienes o puede ser irreversible y que una posterior investigación  demuestre que no era real. Estas técnicas, en lugar de actuar directamente sobre piezas o estructuras históricas las toman como base para recrear virtualmente el aspecto que debieron tener en una fase concreta de su vida, siempre en base únicamente a los datos recogidos durante la investigación.

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Reconstrucción virtual de la Villa Romana de La Olmeda. Autor: Balawat.
https://joseluissite.wordpress.com/category/animacion/

En el Convenio Europeo sobre la Protección del Patrimonio Arqueológico, hecho en La Valetta el 16 de enero de 1992, ya en el preámbulo se reconoce la existencia de graves amenazas de deterioro del patrimonio arqueológico europeo, como los grandes planes urbanísticos, riesgos naturales o excavaciones clandestinas  y, al mismo nivel se sitúa  “la insuficiente sensibilización del público”.

En el artículo 1 se define el Patrimonio Arqueológico como “todos los restos y objetos y cualquier otras huella dejada por la humanidad en épocas pasadas que cumplan los siguientes requisitos:

  1. Que su conservación y estudio ayuden a reconstruir la historia de la humanidad y su relación con el entorno natural.
  2. Que las principales fuentes de información sobre dichos restos y huellas sean la realización  de excavaciones o descubrimientos y otros métodos de investigación  de la humanidad y de su entorno.
  3. Que esté localizado dentro del territorio de las partes.

El patrimonio arqueológico incluirá estructuras, construcciones, grupos de edificios, obras de ingeniería civil, objetos transportables y monumentos de cualquier otro tipo, así como su contexto, sea sobre tierra o bajo el agua”.

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Trabajos arqueológicos en un casco urbano.
http://www.temporamagazine.com/deconstruyendo-el-mito-de-indiana-jones-la-arqueologia-profesional-en-espana/

En el artículo 9, dedicado a la sensibilización pública se dice que “Cada una de las partes acuerda:

  1. Elaborar acciones educativas con vistas a elevar y desarrollar la sensibilización de la opinión pública hacia el valor del patrimonio arqueológico para el conocimiento del pasado y tenga conciencia de los peligros que amenazan a este patrimonio.
  2. Promover el acceso del público a importantes elementos de su patrimonio arqueológico, especialmente las propias excavaciones y fomentar la exhibición al público de objetos arqueológicos especialmente seleccionados”.

Como ya apuntamos más arriba, junto al valor incuestionable de acercarse a restos originales, hemos de hacer hincapié, en aras de su mejor conservación, del valor de las reconstrucciones informatizadas de los hallazgos de las intervenciones arqueológicas. De este modo el público puede comprender mejor los restos como entidades completas y con un uso definido, y no quedarse sólo con el aspecto de mejor o peor estado de conservación con el que han llegado a nosotros.

A nivel estatal, para España la norma legal que sirve de base a las distintas normativas dictadas por las Comunidades Autónomas, es la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español. En esta ley se trata de crear un marco genérico de actuación, por lo que no se le puede pedir un grado de detalle; la reglamentación específica de la forma en que se debe documentar una intervención arqueológica corresponde al desarrollo normativo que cada autonomía ha hecho de esta ley o de las leyes propias relativas al Patrimonio Histórico.

En lo referente al Patrimonio Arqueológico el artículo 40 de esta ley lo define como “los bienes muebles e inmuebles de carácter histórico, susceptibles de ser estudiados con metodología arqueológica, hayan sido o no extraídos y tanto si se encuentran en la superficie o en el subsuelo, en el mar territorial o en la plataforma continental”. Es decir, que el Patrimonio Arqueológico no es únicamente lo que se excava “en el subsuelo”, sino también, por ejemplo, los muros de un edificio histórico que pueden ser estudiados desde el punto de vista estratigráfico.

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Ejemplo de intervención de análisis estratigráfico murario.
 http://www.iaa.fadu.uba.ar/cau/?page_id=429

En el artículo 42.1 se apuntan algunas características del contenido de los proyectos de intervenciones arqueológicas: “Toda excavación o prospección arqueológica deberá ser expresamente autorizada por la Administración competente, que mediante los procedimientos de inspección y control idóneos, comprobará que los trabajos estén planteados y desarrollados conforme a un programa detallado y coherente que contenga los requisitos concernientes a la conveniencia, profesionalidad e interés científico”. Con este artículo se pretende poner freno a la práctica de excavaciones clandestinas y a los expolios de yacimientos.

A modo de ejemplo de cómo se desarrolla la ley general tomaremos la normativa autonómica andaluza, que ha tenido dos leyes de Patrimonio Histórico, la Ley 1/1991 de Patrimonio Histórico de Andalucía y la Ley 14/2007 de Patrimonio Histórico de Andalucía. En ella, tanto en la normativa vigente (Reglamento de Actividades Arqueológicas, Decreto 168/2003 de 17 de junio), como en el borrador que ya se conoce de la Orden por la que se establecen los contenidos y estructuras de los documentos relativos a las actividades arqueológicas, no se dan muchos detalles de cómo se debe realizar la documentación gráfica de las intervenciones (más detallada y clara a este respecto es la normativa de otras Comunidades Autónomas).

En el borrador de la Orden, artículo 8, apartado F se puede leer:

“f.8. Respecto a los bienes muebles, se incluirán fotografías o dibujos de los diversos elementos recogidos y estudiados, ya sea de forma individual o en contextos. Pudiéndose elegir entre el uso de la fotografía o el dibujo, a discreción de los autores de la Memoria; si bien nos parece más apropiado reservar el uso de la fotografía para plasmar las muestras, especialmente relacionadas con los análisis del registro biológico, edafológico, sedimentológico, etc., así como para objetos metálicos o pétreos y, en general en soportes no cerámicos, pudiéndose utilizar indistintamente, fotografía o dibujo para bienes fabricados en soportes cerámicos. Los recipientes cerámicos de fabricación estandarizada que obedezcan a patrones recogidos en repertorios universalmente conocidos (Dressel, Lamboglia, Beltrán, Roselló, etc.) podrán ser representados aludiendo únicamente a su referencia tipológica y sin representación gráfica”.

Parece claro que la norma no apuesta por la representación mediante dibujo de los restos materiales de las intervenciones arqueológicas, cuando, a nuestro entender, es un medio necesario para dar a conocer los bienes y estructuras arqueológicas.

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Ejemplo de fotografía arqueológica.
http://robertcargill.com/2012/03/05/if-the-evidence-doesnt-fit-photoshop-it/

Conclusión.

Valgan estas líneas para situarnos, profesional y legalmente, dentro del proceso de intervención sobre el patrimonio en el que la representación gráfica (dibujo, fotografía, recreación virtual, fotogrametría y demás variantes) debe ser parte fundamental del proceso.

Probablemente el avance tecnológico irá abriendo nuevas posibilidades de representar los restos de las sociedades que nos precedieron, pero serán herramientas complementarias al dibujo, base de alguno de ellos (recreación virtual). Todas estas herramientas tienen su lugar y su utilidad dentro del proceso de intervención patrimonial, se trata de decidir en cada momento cual es la más oportuna, en función de los fines que se persigan.

Rafaél Valera Pérez

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